El inicio de la temporada 2024 para los New York Mets ha pasado de ser una simple mala racha a convertirse en un estado de emergencia deportiva. Con un registro de 9 victorias y 19 derrotas en sus primeros 28 encuentros, la organización de Queens no solo se encuentra estancada en la cuarta posición de la División Este de la Liga Nacional, sino que también está lidiando con el peso psicológico de un arranque que evoca los peores fantasmas de su historia.
El peso de la historia: Entre 1962 y la pesadilla de Baltimore
Para entender la magnitud de la crisis actual, es necesario mirar el retrovisor. Aunque la racha de 11 derrotas consecutivas sufrida este abril fue devastadora, todavía se mantiene lejos del récord negativo absoluto de la franquicia: aquellas 17 caídas seguidas en 1962, el año inaugural de los Mets. Sin embargo, la comparación no es gratuita; en aquel entonces, se trataba de un equipo de expansión sin recursos, mientras que la nómina actual está diseñada para competir en octubre.
Si ampliamos el espectro a toda la Major League Baseball (MLB), el referente de un inicio catastrófico sigue siendo el de los Baltimore Orioles de 1988, quienes abrieron su campaña con 21 derrotas al hilo. Aunque los Mets de Carlos Mendoza no han llegado a ese extremo de parálisis absoluta, el ritmo de juego actual sugiere que la estructura del equipo está fallando en los fundamentos básicos: el pitcheo abridor no logra profundidad y el bateo oportuno ha desaparecido en las entradas finales.
La defensa de Carlos Mendoza y el factor Juan Soto
Uno de los puntos más comentados en el entorno neoyorquino ha sido la gestión del mánager Carlos Mendoza. En un gesto que subraya la fraternidad dominicana y el respeto profesional, la estrella de los Yankees, Juan Soto, salió en defensa del estratega. Es importante recordar que Mendoza y Soto compartieron vestidor recientemente, y el jardinero conoce de primera mano la ética de trabajo del actual piloto de los Mets.
“Esto no es culpa de Mendoza en absoluto”, señaló Soto, enfatizando que la responsabilidad recae directamente sobre los hombros de quienes saltan al terreno de juego. Esta perspectiva es vital: a menudo se busca un chivo expiatorio en el dugout o en la oficina de David Stearns (Presidente de Operaciones de Béisbol), pero cuando las piezas clave del lineup no rinden según sus estadísticas proyectadas, el margen de maniobra de cualquier mánager es nulo.
El desafío de la División Este: Sin margen de error
El verdadero problema para los Mets no es solo su récord, sino el contexto de su división. Con rivales como los Philadelphia Phillies y los Atlanta Braves manteniendo un ritmo de competencia feroz, cada serie perdida —como la más reciente ante los Colorado Rockies— aleja exponencialmente las posibilidades de un boleto vía Wild Card.
Para revertir esta inercia, la novena neoyorquina necesita más que discursos de unidad. Requiere una estabilización inmediata de su rotación y que sus figuras estelares asuman el rol protagónico que Soto les reclama desde la acera de enfrente. El béisbol es un deporte de rachas, pero en la Gran Manzana, el tiempo suele agotarse mucho antes que en cualquier otro mercado de las Grandes Ligas. El balance de mayo será determinante para decidir si este equipo pelea por la postemporada o si se convierte en un vendedor agresivo antes de la fecha límite de cambios.


































